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martes, 11 de febrero de 2014

Aventuras de una Startup: Just-Ene en Bolonia - Recuerdos de nuestro primer viaje


Ahora que se acercan de nuevo las fechas de la feria de Bolonia, no puedo evitar recordar con una sonrisa en la cara el primer viaje que hice con Mar. 

Llevábamos menos de un mes trabajando juntas, y Mar con la iniciativa que le caracteriza, pensó y muy acertadamente, que debíamos de visitar Lineapelle para construir nuestra carta de colores y materiales. Nuestra carta estaba en blanco, así que teníamos mucho por hacer. En algún momento pensamos que con 3 días teníamos suficiente para ver tendencias, encontrar proveedores de todo tipo, construir nuestra carta de materiales y accesorios, encontrar ya de paso unas plantillas de gel, y por supuesto, aprovechar para pasear por Bolonia y Milán para ver tendencias. Como bien habréis podido adivinar, no cumplimos ni con el 40% de nuestros propósitos.

Armadas con un vuelo Madrid-Bolonia que salía a las 7 de la mañana, una maleta hecha de "aquella manera", un alquiler de un apartamento en un sitio que ni nosotras ni media Bolonia tenía ni idea de donde estaba, y ningún mapa, iniciamos nuestro viaje. Lo reconozco, nunca he sido buena organizando los viajes y mucho menos las maletas. Siempre me he caracterizado por sentarme encima de las maletas para cerrarlas, esconder mi maleta abombada y con exceso de peso en la cola  de Ryanair, darme cuenta que no sabía donde estaba el hotel cuando había llegado al sitio y no tenía conexión a Internet, por llevarme ropa fuera de temporada, equivocarme con el calzado a pesar de llevar mínimo 3 pares, y olvidarme de activar el roaming en el móvil. Si, esa soy yo. Pero bueno, siempre me he considerado una mujer de recursos......vamos que nunca me ha importado preguntar, y gracias a dios suelo viajar con gente mejor "preparada" que yo.

Conclusión, que ahí llegamos a la feria Mar y yo, a las 9 de la mañana, después de haber dormido 3 horas, día horrible de lluvia y yo con un vestido monísimo pero sin medias, y Mar con su maxi falda y sus sandalias planas de verano. Yo y mi estúpida manía de no mirar el tiempo (¿aprenderé algún día?).

Nos metimos por fin en el recinto ferial, yo ojiplática mirando de lado a lado algo que para mi era del todo desconocido y Mar de guía por un mundo que ella si conocía más. 
A medida que iba pasando el día iba metiéndome más en mi rol e iba convirtiéndome en algo que cada vez se asemejaba más al concepto de "marido que te acompaña y te lleva las bolsas". Mar miraba de lado a lado, y yo observaba la forma de proceder. Al final del día ya me atrevía hasta a opinar y encontrar cosas por mi misma. Y de vez en cuando, me armaba de valor y ofrecía a algún proveedor mis tarjetas blancas impresas en letras rosas a última hora en el Work Center, eso si, con mis datos personales (tuve que poner hasta la dirección de mi casa para que no se vieran tan vacías), las de empresa ni existían.

Por fin, después de largas horas y un buen dolor de pies, acabó el día. 6 de la tarde, y eso era lo más parecido a salir del cine o de un partido de fútbol cuando estos acaban....o peor, como si hubieran tirado una bengala en medio de una discoteca el 31 de diciembre. El guardarropa con nuestras maletas tenía una cola de 100 metros, pero lo que no sabíamos es que estábamos perdiendo posiciones para la cola del autobús y/o taxi. De nuevo lluvia, sin medias, sandalias, y una cola de más 500 metros y 3 personas por posición para coger el taxi y otra equivalente para el autobús....y por supuesto, sin tener ni idea de donde estaba nuestra casa. 
Visto que por cada taxi que pasaba, pasaba un autobús y la capacidad de cada uno de los medios de transporte, el cálculo rápido nos hizo decidirnos por el autobús. Solo nos faltaba saber cual coger para ir a "quién sabe donde". Menos mal que Mar si miró el nombre de la calle......mala suerte que no fuera una vía conocida. 

Después de dilucidar sobre como se procedía para salir de allí, decidimos hacer una cola que parecía que era la de la venta de billetes para el autobús. Así que ahí esperamos nuestra media hora, y por fin pudimos preguntarle al expendedor de billetes donde estaba la Via Mirasole. Ni idea, claro. Después de varias recomendaciones, un empleado del autobús nos tuvo que ver lo suficientemente perdidas como para acompañarnos hasta el autobús que nos tocaba y decirle al autobusero mínimo tres veces que nos avisara cuando tuvieramos que bajar para coger el siguiente autobus. Desde luego, me sentía como Alfredo Landa en Torremolinos cuanto menos. 

Finalmente llegamos a Bolonia, bajamos en la parada pertinente, y solo nos quedaba "cruzar la estrada" para tomar nuestro último autobús. Bien, llevábamos 2 horas desde que habíamos salido de la feria, pero parecía que pronto podríamos llegar a casa y cambiarnos de ropa. Nada más lejos de la realidad. 

Nos indicaron que teníamos que bajar en la "piazza del marmolo" (o eso entendimos), perfecto, nos hicimos una "amiga" en el autobús que nos dijo que nos avisaría al llegar al destino. Visto el éxito de la primera experiencia confiamos ciegamente en ella.....hasta que de repente el autobús iba vacío, y solo quedábamos nosotras y nuestra amiga. De repente parecía como si entráramos en las afueras....y ya había pasado un tiempo, así que decidimos molestar durante unos segundos más a nuestra colega que estaba agotando el 3G de su móvil para que nos dijera si quedaba mucho...de repente, cambió la cara. Obvio, nos habíamos pasado. Bajamos en la siguiente parada. La mujer agobiada bajó un segundo para indicarnos, y perdió su autobús (he de reconocer que esto me produjo algo de satisfacción). Y allí que nos vimos, en una calle donde no pasaba ni el más triste taxi ni el más triste autobús, andando 2km, sin paraguas, con lluvia, sin medias, maxi falda y sandalias y, por supuesto, las maletas y preguntando a diestro y siniestro por la "piazza del marmolo" a todo comerciante pakistaní de frutas y kebabs que había por la zona. Buscar en internet la "Piazza di San Mamolo" en lugar de la "Piazza del Marmolo" quizás hubiera ayudado algo en el camino. Pero seguro que no nos habríamos reído ni la mitad si hubiera sido tan fácil. Desde luego, tener una compañera de viaje con la que reírte de ti misma en situaciones que podrían haber sido tensas como esta, no tiene precio. 

3 horas más tarde por fin llegamos a nuestro destino, arrastrando las maletas, yo congelada y Mar con el agua de la lluvia hasta la mitad de su falda. Aún tuvimos algún percance con la cerradura de la casa...el cual se resolvió cuando después de llamar a la dueña insistiéndole en que la "chiave no obri" nos dimos cuenta de que estábamos intentado abrir la puerta del vecino....Por fin en casa, pudimos medianamente adaptar nuestro vestuario al clima, y salir a tomar un vino y cenar relajadamente. Al día siguiente sería otro día.

Lecciones "aprendidas" para el próximo viaje:
  • Quien mucho abarca poco aprieta
  • Todos los caminos llegan a Roma, la cuestión es ¿cuanto tiempo estás dispuesta a invertir en llegar a Roma? Mira no solo el nombre de la calle, también donde se ubica ¿quizás imprimir un pequeño mapa?
  • Puedes seguir confiando en desconocidos, pero controla que no se te despisten
  • No vistas como si hiciera el mismo tiempo que en España. Haz caso por una vez de la previsión del tiempo
  • No subestimes el poder de la moqueta, ni te dejes engañar por su dulce aspecto acolchado. Tus zapatos de tacón más cómodos, no son lo suficientemente cómodos para andar todo el día sobre ella
  • Las tarifas de Internet para el extranjero existen. "Compartir Internet" y pedir claves wifi no puede ser la única solución
  • Asúmelo no tienes tiempo ni ganas de mirar tu laptop. Dejémoslo en casa
Dicho esto, voy a comprar el billete para mi nuevo próximo viaje a Bolonia! 

Un besazo!!